Rosario Moreno Montalvo
 Aqui tienes una página que nos puede a vivir la vida como vocación.
 



TESTIMONIO VOCACIONAL
 
¿TÚ, QUIÉN ERES?
HÁBLANOS DE TI Y TU ITINERARIO VOCACIONAL

Es la pregunta que un día hacen a Juan Bautista: Tú: ¿Quién eres? y él no  responde quién es en sí mismo sino en relación con Jesús. Su respuesta  me ha sugerido que  puedo poner mi vocación en este espejo y contestar a lo que se me pregunta sobre mi itinerario vocacional.
Tras el preámbulo comienzo:
“Yo he nacido en esos llanos de la estepa castellana…” retomando el verso de Gabriel y Galán. Nací en una tierra pobre y fría en invierno cuyas nieves y hielos curtían las manos y hasta el aliento, tierra que florecía en primavera y calentaba el corazón, que se volvía seca en el verano de recogida de mieses y dura y árida en el otoño y nuevo invierno. ¿Por qué relato el recorrido de las estaciones? Porque creo que éstas también determinan la personalidad. Mi vida se fue haciendo al ritmo de la Naturaleza. Nací en pleno otoño y por tanto fui engendrada en invierno. También eso tiene su importancia, pues al calor de la lumbre, al fuego de una casa familiar y muy numerosa, se fraguó mi infancia vocacional. En mi pueblo segoviano se vivía un ambiente familiar y de hondas raíces cristianas, no exento de dificultades. Bebí la fe como por ósmosis, las celebraciones del pueblo eran cíclicas y siempre en torno al Misterio cristiano; las fiestas del Señor, de María y de los santos enmarcaban las fiestas del pueblo.
Creo que esas raíces austeras, familiares, de ambiente difícil y acogedor dieron una pauta importante a mi vida e historia vocacional. Mi madre fue determinante y también la vocación de una hermana como monja clausura cuando apenas tenía yo 3 años. Las peleas familiares de largos meses que presencié en ese tira y afloja de la determinación de mi hermana por seguir una vida casi incomprensible cuando tanto se la necesitaba en casa, fueron sin duda importantes en mi infancia ¡según me dijeron luego fui yo la que “desvelé” por el pueblo que mi hermana “se iba de monja”.
Después llegarían las cartas, las visitas a ese convento, las directas e indirectas a ir para allá, las revistas con los santos y misioneros que llegaban a casa… y así llegó la adolescencia que pedía “salir de la casa paterna e ir donde se me indicara”. Como si fuera en pequeño la llamada de Abrahán salí a mis 13 años a un lugar de Aspirantado concepcionista donde no fue fácil vivir mi adolescencia, bastante rebelde por cierto, en medio de una dura disciplina y los compromisos en la vida de fe (oraciones, pláticas, prácticas religiosas,…)  que fui asimilando sin gran dificultad, no así el  ambiente que era bastante exigente.
Las llamadas vocacionales ahí eran casi continuas. Muchas de mis amigas salieron del colegio, algunas bastante “rebotadas” pero otras iban al Noviciado y ¿yo qué hacer? Me atraía más salir a la aventura del “mundo” como muchas de mis amigas pero... ¡ocurrió una llamada que siempre la vi determinante y “providencial”: la muerte de mi padre cuando apenas tenía 16 años. ¿Qué hacer? ¿Complicar más las cosas en casa o “probar” a descubrir más a Jesús, quien ya se me había ido metiendo poco a poco en el corazón? ¿Ensayar a dejarme enamorar por un joven muchacho que me atraía o emprender una vida, que intuía que no iba a ser fácil, pero que me daría más felicidad en la entrega a los demás, especialmente en la educación?
Tiempo difícil de discernir por dónde me quería el Señor. Siempre he sido rebelde, buscadora y hasta insatisfecha… me he caracterizado por “correr riesgos” mejor que quedarme con lo conocido. Me seduce eso que dice el papa Francisco que prefiere a una iglesia herida porque sale y se arriesga a una que queda aparentemente “sana” pero que en realidad está enferma porque vive para sí… esa ha sido siempre mi forma de ser y actuar: arriesgarme ¡y vaya si he tenido heridas en mi cuerpo y en el alma! He salido herida en el campo de misión y en el de la comunidad, en el tiempo la adolescencia, la juventud y la madurez, hasta hoy, pero así he tenido que recurrir una y mil veces a dejarme curar por mi Buen Pastor que es Jesús.
Mi itinerario vocacional ya ha discurrido por muchos valles y barrancos, por desiertos y vergeles…, he probado muchos alimentos que me han hecho daño y otros en cambio mucho bien, he bebido en muchas fuentes, unas de agua clara y otras casi contaminada… pero de todas he aprendido y de ellas me ha sacado el Señor y conducido hacia las Fuentes de la Vida que es Él mismo.
Mi historia vocacional ya es larga. Digo que he pasado la cuarentena del desierto. Con frecuencia añoré “los ajos y cebollas” que dejé en mi “antiguo Egipto”, me rebelé cuando me faltaba el pan y el agua en la larga travesía de los días y los meses áridos, sin apenas vislumbrar la “Tierra prometida”. Es larga la travesía del desierto y cansa… pero hoy, echando la vista atrás siento que mi vida ha madurado en los largos veranos y he recogido el fruto otoñal porque me he dejado purificar en los inviernos duros con el viento frío y el hielo y sembrar en las primaveras de muchas personas y experiencias que han enriquecido mi vida.
Ha merecido la pena esta travesía y sé que al final de mis días tendré que repetir mi estribillo que me acompaña: “tú lo sabes todo, mi Señor, sabes que te quiero”. En ese “todo” va todo… que sería muy largo de relatar y terminar con un TE QUIERO. A pesar de todo: TE QUIERO, Tú eres la razón de mi vida, Tú eres mi Señor, mi Fuente, mi Pan y mi Agua, mi Vida y mi Plenitud.
 

¿QUE ES UN/A RELIGIOSO/A? ¿POR QUÉ QUISE SER RELIGIOSA?
 
Un religioso/a es una persona consagrada a Dios y por Dios para una misión. Es una persona que ha experimentado, aunque sea veladamente y en la fe, la llamada de Dios que la quiere para estar con Él y para enviarla a la misión. ¿qué misión? La suya misma, la de ayudarle a salvar a esta humanidad tan necesitada de Dios y de salvación; la misión de dar a conocer a Jesús y su Evangelio que es salvación para todos.

Ser religioso/a es vivir de la experiencia del amor de Dios de forma personal - “me amó y se entregó por mí”- y no poder dejar de comunicarlo. Ser religiosa es no ser del mundo para ser del Señor, para conocerle, dejarse amar por Él y ser enviada por Él mismo a su misión, porque ha sentido que Dios quiere contar con su persona.
En resumen: Ser religioso/ es vivir la pasión por Dios y la pasión por la humanidad.

¿Por qué quise ser religiosa?
Porque muchas veces viví esta experiencia de amor desde la infancia y en mi juventud. Luego fui buscando en qué lugar y de qué manera podría ir concretando esta vocación-misión.
Personas y circunstancias diversas fueron como señales que me iban marcando el camino y vislumbrar el modo concreto y el lugar  donde poder realizar los sueños e ideales del corazón. En concreto lo fui viendo en la misión de educar a niños y jóvenes en una Congregación misionera. La misión fue siempre el gran deseo de mi corazón. Estar con Jesús, conocerle, amarle, dejarme conocer y amar por Él y darle a conocer fueron mis sueños… y estos sueños y deseos de mi corazón los quise vivir en el seguimientos de Jesús, dentro de la vida comunitaria y en una vida en castidad, pobreza y obediencia.

ACCIÓN DE GRACIAS
Te doy gracias, Padre, por mi vocación consagrada.
Te doy gracias Jesucristo por tu mirada de amor sobre mí a pesar de mis muchas miserias y porque la sigues sosteniendo a pasar de tantas infidelidades.
Te doy gracias Espíritu Santo porque desde siempre has iluminado y fortalecido con tus dones el carisma de mi vocación consagrada.
Te doy gracias, María Inmaculada, porque en Ti siempre he visto el Ideal de mi vocación concepcionista…  
Y doy gracias aquí a tantas personas, unas aún en la tierra, otras en el cielo que han sido pequeñas o grandes luces en mi a veces oscuro camino vocacional.
Gracias a tantos testigos de la fe: santos y mártires, reconocidos o no oficialmente, que han sido luces en este seguimiento de Jesucristo. ¡GRACIAS!

PERDON
Tantas veces y de tantas maneras he pedido perdón por mí y por mis hermanos, los consagrados!
 También hoy pido perdón:
  • Perdón, Señor, por tanta indiferencia, tan poco ardor y pasión para vivir nuestra vocación.
  • Perdón por tanta infidelidad y aburrimiento en el seguimiento de Cristo.
  • Perdón por tanta falta de fe comprometida, por la esperanza tan débil, por el amor tan escaso.
  • Perdón por dejarnos llevar por los criterios del mundo y no del Evangelio.
  • Perdón por nuestros egoísmos e idolatrías, por la vida centrada en los propios intereses y deseos y no en los tuyos.
  • Perdón por ser de varias maneras antitestimonio del amor del Padre manifestado en Ti, Jesús.
  • Perdón por las cobardías y complejos, por no ser sal y luz de la tierra.
  • Perdón por la tibieza y mundanidad, por la acedia en la vida espiritual.
  • 12, Junio, 2014


MARIA DE NAZARET: LA MUJER QUE ES MÁS QUE MADRE

 1. UN VÍNCULO Y UNA DICHA MAYOR
María engendró a Jesús: lo concibió en su seno, lo dio a luz, lo amamantó maternalmente. Es la maternidad biológica, natural. Jesús es su hijo, de su misma carne y sangre: parentesco humano. María soportó el peso de la tarea continua que llevaba consigo la formación humana de Jesús, según iba creciendo de bebé a niño, de niño a adolescente, de adolescente a adulto.
Un día, cuentan los evangelios: "llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le mandaron recado para llamarle. Tenía gente sentada a su alrededor, y le dijeron: Oye, tu madre y tus hermanos te buscan ahí
fuera. El les contestó: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y pasando la mirada por los que estaban sentados a su alrededor, dijo: Aquí tienen a mi madre y a mis hermanos. El que escucha la Palabra de Dios y la pone por obra ése es hermano mío y hermana y madre"(Mc. 3,13-35).
Otro día, una mujer que escuchaba lo que decía Jesús entusiasmada le dijo gritando: "¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!" Eran palabras de alabanza, de bendición para la madre de Jesús según la carne. Pero Jesús responde como corrigiendo y orientando su espontaneidad: "Mejor: ¡Dichosos los que escuchan el mensaje de Dios y lo cumplen!" (Lc. 11,27-28).
¿Qué nos quiere decir Jesús con esas palabras? Son dos respuestas claras, rotundas, desconcertantes.
Para Jesús, lo más importante, lo que interesa ante todo y sobre todo no es la relación natural, biológica de parentesco, sino escuchar el mensaje de Dios y ponerlo por obra haciendo lo que Dios quiere. Ese es el vínculo mayor. Esa es la dicha y felicidad verdadera. La familia de Jesús la integran aquellos que cumplen la voluntad del Padre-Dios. ¿Por qué?

 2. LA MATERNIDAD EN LA DIMENSION DEL REINO
Jesús viene al mundo con una misión, con una vocación. ¿Cuál? Jesús trae una "Buena Noticia":
Que Dios es el Padre de todos y, por consiguiente, todos los hombres somos hermanos. La misión de Jesús, la vocación de Jesús, la causa por la que Jesús da su vida es el Reinado de Dios:
Que escuchemos la "palabra" del Dios solidario, del Dios de la vida que es El.
Que le queramos más que a todos y a todo, con todo el corazón, en toda la mente, con todas nuestras fuerzas. Que pongamos por obra esa "Palabra de Dios" cumpliendo su voluntad: viviendo como hermanos de Jesús, como hermanos solidarios unos con otros, para así ser y vivir como hijos de Dios.
Eso no es ningún capricho suyo, ni ventaja para El. Eso es todo ventaja para los hombres: libertad, amor, solidaridad, fraternidad, justicia, reconciliación, felicidad. Esa es la "Buena Noticia" del Reinado de Dios que trae Jesús.
Jesús no está contra la familia. Pero para Jesús la familia no es lo primero. Para Jesús lo primero es escuchar la Palabra de Dios y ponerla en obra. Por eso es por lo que Jesús no acepta sin más el elogio que hacen de esa su relación de parentesco con su propia madre: "¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!"
Sobre la relación familiar de carne y sangre, aun entre madre e hijo, está el escuchar la Palabra de Dios y cumplirla: "Mejor: ¡Dichosos los que escuchan el mensaje de Dios y lo cumplen!". Jesús no reconoce más familia que la familia de la fe formada por cuantos hacen la voluntad del Padre: "Aquí tienen a mi madre y mis hermanos; el que pone por obra el designio de Dios, ése es hermano mío y hermana y madre" (Mc. 3.34-35).
Jesús antepone el seguimiento (el escucharle, quererle, seguirle cumpliendo la voluntad de Dios) a la familia (lee Mt. 10, 37-38: Lc. 14,25-27) Por eso Jesús se siente más vinculado a su comunidad de seguidores que a su familia humana.
3. MARIA DE NAZARET, LA MADRE QUE ESCUCHA LA PALABRA DE DIOS Y LA PONE EN PRACTICA.
En realidad nos encontramos que María está vinculada a Jesús con lazos más fuertes que los de la carne y sangre, por ser ella la primera entre aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (Lc. 11,28). María es, pues, digna de bendición "Bendita tú entre las mujeres" (Lc. 1,42):
Por haber sido para Jesús Madre según la carne: "¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!" (Lc. 11,27).
Por haber acogido siempre la palabra de Dios: "la conservaba en su interior, meditando" (Lc. 2,19.51).
Por haber creído: "¡Dichosa tú que has creído!" (Lc.1, 45).
Porque fue obediente a Dios totalmente en su vida: "Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho" (Lc. 1,38).
Por "estar en las cosas del Padre", anunciando su reinado, el reinado del Dios que "desbarata los planes de los soberbios, derriba del trono a los poderosos y a los ricos los despide vacíos" (Lc. 1,51-53).
María fue Madre de Jesús, pero madre cristiana, no egoísta, no posesiva: no frenó, no puso dificultades a la misión, a la vocación de su Hijo Jesús, aunque está llevase consigo la separación (Mt. 4,13: Mc.1, 9.14.21: 2,1).
María había renunciado a comprender los planes de su Hijo que se le escapa para ocuparse de "sus cosas", que son las del Padre y de los hombres, pero lo acepta (Lc 2,41-51).
María, madre cristiana, se fió de Dios, viviendo impotente la lucha del Hijo como tantas madres del pueblo, sin saber pero confiando (Mc. 3,21-22; Lc. 4,16-30; Jn. 7,1; Mc. 11,15-18; Mc. 12,13; Jn.11,47.50.53.57; Jn. 19,5-7.12.14.15.25).
María, madre, acompañó como mujer del pueblo la lucha de su Hijo, viviendo con él su fracaso y esperando ciegamente en Dios (Jn. 19,5-7.12.14.15.25).
En definitiva lo que cuenta en el proyecto de Jesús, es su seguimiento por el Reino. Lo que cuenta es el cumplir siempre la voluntad del Padre, el seguir a Jesús incondicionalmente. Familia de Jesús son los que le siguen y mantienen su adhesión a su persona. Es claro que el precio del seguimiento de Jesús, de la libertad evangélica será, muchas veces, la liberación real y efectiva de las ataduras familiares. Y esto es lo que entendió y vivió, como nadie, la misma María. María es la primera entre los cristianos:
Por ir a la cabeza de aquellos que en todos los tiempos "escuchan el mensaje de Dios y lo cumplen" (Lc. 11,28), de los que "ponen por obra el designio de Dios" (Mc. 3,35).
Por ser la "primera discípula" de su Hijo, la primera que respondió a su "sígueme" con toda su vida: "Desde el momento de la anunciación y de la concepción, desde el momento del nacimiento en la cueva de Belén, María
siguió paso a paso tras Jesús en su maternal peregrinación de fe." (Juan Pablo II, Carta Encíclica "La Madre del Redentor", 25/3/87, nn 20.26).
 REFLEXIONA Y RESPONDE
1. Explica cómo la causa de la grandeza de María está, sobre todo, en el hecho de que Ella había escuchado la "Palabra de Dios" cumpliéndola siempre en su vida.
2. ¿Puedes resumir en unas palabras, pronunciadas por las misma María, lo que fue su vida toda?
 3. Explica cómo María era de Dios.
4. Y tú, ¿eres de Dios como María? ¿Por qué?
5. ¿Le fue a María fácil ser siempre de Dios? ¿Por qué?
6. Y a ti, ¿te es fácil? ¿Por qué?
7. Lo que María es y representa en la devoción del pueblo, ¿se refiere, ante todo, a su maternidad biológica? Explícate.
8. ¿Por qué Jesús relativiza lazos de la sangre (Mc.3, 31-35) y no quiere representarnos en María un modelo en el que lo primario sean las vinculaciones de carne y sangre, de parentesco? Responde y lee Jn. 1,11-13.
9. Explica cómo María es madre fecunda, que engendra hombres y mujeres dispuestos a vivir, luchar y morir como Jesús.



CARTA DE SATANÁS
Hola:

Te vi ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin siquiera saludar a tu Dios. En todo el día no hiciste ni un momento de oración; no te dirigiste a Él para nada. Ni siquiera te acordaste de bendecirle por los alimentos que estaban en tu mesa. Eres muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti.

También me agradaba la enorme flojera que demuestras siempre en lo que se refiere a tu crecimiento cristiano. Rara vez lees la Biblia y cuando lo haces estás cansada. Oras muy poco y muchas veces sólo recitas mecánicamente palabras que no meditas.
¿Y qué decir de tu tacañería en comprometerte con el Evangelio o en aportar algo en las campañas solidarias? Todo eso es muy útil para mí. No puedes hacerte una idea de lo que me alegra que en todo este tiempo en que llevas de cristiano, no hayas cambiado tu manera de comportarte. Después de todos esos  años sigues como al principio: crees que no tienes nada que cambiar de ti, de tu vida... ¡me encantas!

Recuerda que Dios y yo convivimos juntos mucho tiempo. Aún le detesto, como también te detesto a ti por ser hijo suyo, y me sirvo de ti para molestarle. Él me echó del cielo y yo voy a emprenderla contigo, utilizarte mientras pueda para vengarme de Él.
Mira, ignorante: Dios te ama y tiene grandes planes preparados para ti, pero tú eres tan inconsciente que te has ido poniendo poco a poco a mi servicio, y yo voy consiguiendo que te alejes más y más de él cada día. Así conseguiré que estés conmigo eternamente, y esto sí va a dolerle a tu Dios. Con tu (inconsciente) cooperación voy a mostrar quién es realmente el que gobierna tu vida. ¡Con la de momentos que vamos pasando juntos...!
Hemos disfrutado juntos mucho de tu tiempo libre, cuando te dejas llevar por lo que hace todo el mundo y dejas de «ser tú». Y esas veces en que has sido débil e infiel a ti mismo con aquella personita que se puso a tiro y que tomaste tan poco en serio. ¡Qué bien nos lo pasamos! Y me encanta ver que no le das importancia, que no te arrepientes, que te justificas diciendo que eres joven y tienes derecho a disfrutar de la vida. No hay duda: eres de los míos.
Disfruto mucho con tus horarios locos, con tu falta de previsión y organización, con tu precipitación, con tu falta de reflexión para tomar las decisiones, para ser coherente, para aprender de lo que ocurre a tu alrededor. Lo poco que te gusta escuchar tu voz interior y lo bien que se te da huir del silencio... Y lo que me río cuando se te presentan ocasiones de mostrar que eres cristiano -según dices-: qué bien se te da salirte por la tangente, o callarte o decirte que no merece la pena discutir, que no lo entenderían...
Tengo que agradecerte que con cierta frecuencia eres un gran colaborador mío y me prestas servicios increíbles: cuando das malos ejemplos a la gente que vive a tu alrededor, cuando les ríes las gracias que hacen dejándose llevar de lo que yo mismo les susurro al oído, cuando no te metes a corregirles a pesar de que no te guste lo que están haciendo, cuando renuncias a exigirles sus obligaciones... ¡eres fantástico! Cada vez te pareces más a mí.
Pero lo que más me agrada es que rara vez tengo que tentarte: casi siempre caes por ti mismo.  Tú buscas los momentos apropiados, tú te expones a situaciones inconvenientes, tú buscas los ambientes en los que yo me siento cómodo, e incluso compañías que yo no sabría elegirte mejor... Y como tienes olvidados los Sacramentos y casi todo lo que podría mantenerte en contacto con tu Dios... cada vez te miro con más ternura y te voy sintiendo de los míos... ¡Y sin que te des cuenta! Porque, malo, malo, no eres. Incluso haces de vez en cuando algunas cosillas para sentirte bien.  Simplemente eres tibio, mediocre, como la mayoría... Y ya dijo Dios que la gente así le da asco y la echa de su presencia.
No acostumbro enviar este tipo de mensajes, pero estás tan a gusto en tu pellejo y en tu estilo de vida, que no creo que vayas a cambiar. Ni con este mensaje ni con mil consejos que te den. No me malinterpretes: no pretendo ayudarte lo más mínimo. Si estoy pendiente de ti es porque me agrada cómo tu manera de comportarte hace quedar en ridículo a Jesucristo y a todo lo que dice haber hecho para salvaros. Ánimo: no te canses. Sigue así.
Tu enemigo mortal Satanás

PISTAS DE TRABAJO PERSONAL O PARA EL GRUPO

PERSONAL
  1. Enumerar todos los temas que se tocan en la carta.
  2. ¿Cuáles de ellos «me valen»/afectan directamente? ¿Cómo vivo cada uno de ellos realmente?
  3. ¿Cuáles son las dudas e inquietudes que tengo en cada uno de ellos? Ponerlos por orden de importancia.
PARA EL GRUPO
4. ¿Cuáles crees que son las razones de las crisis de fe más habituales entre los jóvenes de tu generación?
5. ¿Te consideras creyente? ¿Por qué? ¿Qué hace falta para considerar a alguien «creyente»?: Hacer una definición de persona cristiana creyente con los elementos indispensables.
6. ¿Es lo mismo ser buena persona y ser creyente-cristiano?
7. ¿Merece la pena ser cristiano hoy?



ORACIONES POR LAS VOCACIONES
I
¡Oh Jesús, Pastor Eterno de las almas!
dígnate mirar con ojos de misericordia a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad.
¡Danos vocaciones!, ¡danos sacerdotes,  religiosos, religiosas y laicos santos!
Te lo pedimos por la lnmaculada Virgen María de Guadalupe,
tu Dulce y Santa Madre.
¡Oh Jesús, danos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos santos
según tu Corazón!
 
II
Jesús que sientes compasión al ver la multitud que está como ovejas sin pastor, suscita, en nuestra Iglesia, una nueva primavera de vocaciones.
Te pedimos que envíes: Sacerdotes según tu corazón que nos alimenten con el Pan de Tu Palabra y en la mesa de Tu Cuerpo y de Tu Sangre; Consagrados que, por su santidad, sean testigos de Tu Reino; Laicos que, en medio del mundo, den testimonio de ti con su vida y su palabra.
Buen Pastor, fortalece a los que elegiste; y ayúdalos a crecer en el amor y santidad para que respondan plenamente a tu llamada.
María, Madre de las vocaciones, ruega por nosotros. Amén.
 
III
Señor Dios, Padre Celestial, Tu Hijo Jesucristo nos dijo: "La mies es abundante, pero los obreros pocos. Pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies". Animados por estas enseñanzas, te pedimos que envíes a tu Iglesia, numerosas y santas vocaciones para el sacerdocio, a la vida religiosa y al apostolado laical. Consérvales fieles en su ministerio hasta el fin; y concédeles, por tu Espíritu Santo, un gran amor a Dios y a los hermanos, para que en su ministerio y en su vida busquen solamente tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
 
IV
Dios, Padre y Pastor de todos los hombres, Tú quieres que no falten hoy día, hombres y mujeres de fe, que consagren sus vidas al servicio del evangelio y al cuidado de la Iglesia.
Haz que tu Espíritu Santo ilumine los corazones, y fortalezca las voluntades de tus fieles, para que, acogiendo tu llamado, lleguen a ser los Sacerdotes y Diáconos, Religiosos, Religiosas y Consagrados que tu Pueblo necesita.
La cosecha es abundante, y los operarios pocos. Envía, Señor, operarios a tu mies. Amén.
 
V
Señor Dios, Padre Nuestro, te damos gracias por los sacerdotes, que son un regalo y un signo de tu amor.
Ellos nos manifiestan tu corazón bueno y rico en misericordia, nos ofrecen la salvación de Jesús y nos ayudan a vivir en el Espíritu Santo.
Concédenos pastores según tu corazón, bendice a los seminaristas, y haz que no falten en la Iglesia niños y jóvenes que sigan la vocación sacerdotal. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
 
VI
Padre Bueno, en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor, nos abrazas como a tus hijos y nos ofreces la posibilidad de descubrir, en tu voluntad, los rasgos de nuestro verdadero rostro.
Padre santo, Tú nos llamas a ser santos como Tú eres santo. Te pedimos que nunca falten a tu Iglesia ministros y apóstoles santos que, con la palabra y con los sacramentos, preparen el camino para el encuentro contigo.
Padre misericordioso, da a la Humanidad extraviada, hombres y mujeres, que, con el testimonio de una vida transfigurada, a imagen de tu Hijo, caminen alegremente con todos los demás hermanos y hermanas hacia la patria celestial.
Padre nuestro, con la voz de tu Espíritu Santo, y confiando en la materna intercesión de María, te pedimos ardientemente: manda a tu Iglesia sacerdotes, que sean testimonios valientes de tu infinita bondad. ¡Amén!                                                             (JUAN PABLO II)
 



ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VIDA CONSAGRADA

Te doy gracias, Padre, por el don de la vida consagrada.
Por tantos hombres y mujeres que han descubierto
tu presencia misteriosa en lo cotidiano,
en lo sencillo, allí donde no llegan las palabras
y los gestos se cansan incapaces de expresar.
 
Te doy gracias por el don de la generosidad
que acompaña a todos los consagrados
hasta sentirse proyecto tuyo en medio de los hermanos.
Gracias por esa sensación irrenunciable de saber,
al final de la jornada, que nuestra vida frágil y quebradiza
está llena de nombres y de gracia.

Gracias por el disfrute de la vida hasta el extremo
sabiendo que es un don, que toda una vida no basta
para agradecer suficientemente la capacidad de amar
que has puesto en nosotras.
 
Gracias, también por la noche oscura,
por los senderos del dolor, por el filo del sinsentido,
por el misterio sobrecogedor,
porque allí se vislumbra tu luz con mayor intensidad;
porque las estrellas brillan más cuando es más oscura la noche,
porque aún no ha habido oscuridad
que no haya sido rota por el alba.

Gracias, Señor, por las manos abiertas de los consagrados,
por el corazón libre para atarse a los demás,
por la mirada disponible para ir más allá del horizonte,
por la pobreza de nuestra alforja
que se va llenando de sonrisas y de amistad.
Yo, un día ya lejano,
soñé que era posible rozar el horizonte,
que la gratuidad llovía sobre el asfalto de la ciudad,
que los corazones no podían resistirse a tanta gracia.
Y tal vez por eso,
o no sé por qué, quise ser consagrada.
Y lo soy porque tú lo has querido.
Gracias, mil gracias.


SOBRE MI VOCACIÓN
México, 5 de enero de 2014
 
En estos días en que se revive de forma especial la manifestación del Señor y en que suelo hacer memoria histórica de la manifestación del Señor en mi vida, me llega la sugerencia de que escriba sobre mi propia vida y  mi vocación, así que me pongo a relatar algo desde la Luz de Dios que se manifiesta. Creo que toda vida es vocación porque la vocación  ¿qué es en sí misma? Poco o casi nada. En estos días de epifanía, de manifestación, a la luz de la Palabra de Dios en que le preguntan a Juan Bautista Tú: ¿Quién eres? y él no  responde quién es en sí mismo sino en relación con Jesús, me ha sugerido que  puedo poner mi vocación en este espejo y contestar a lo que se me pregunta sobre mi itinerario vacacional desde esta pregunta ¿Quién soy yo en mi relación con Jesús? Porque ¿Quién soy yo en mí misma y qué es mi vocación desde mí? Nada. Si algo soy lo soy desde Dios, desde Jesús, el Dios Encarnado y sólo desde Él puedo ver mi historia, mi itinerario vocación.

Tras el largo preámbulo comienzo:
“Yo he nacido en esos llanos de la estepa castellana…” retomando el verso de Gabriel y Galán. Nací en una tierra pobre y fría en invierno cuyas nieves y hielos curtían las manos y hasta el aliento, tierra que florecía en primavera y calentaba el corazón, que se volvía seca en el verano de recogida de mieses y dura y árida en el otoño y nuevo invierno. ¿Por qué relato el recorrido de las estaciones? Porque creo que éstas también determinan la personalidad. Mi vida se fue haciendo al ritmo de la Naturaleza. Nací en pleno otoño y por tanto fui engendrada en invierno. También eso tiene su importancia, pues al calor de la lumbre, al fuego de una casa familiar y muy numerosa, se fraguó mi infancia vocacional. En mi pueblo segoviano se vivía un ambiente familiar y de hondas raíces cristianas, no exento de dificultades. Bebí la fe como por ósmosis, las celebraciones del pueblo eran cíclicas y siempre en torno al Misterio cristiano; las fiestas del Señor, de María y de los santos enmarcaban las fiestas del pueblo.


Creo que esas raíces austeras, familiares, de ambiente difícil y acogedor dieron una pauta importante a mi vida e historia vocacional. Mi madre fue determinante y también la vocación de una hermana como monja clausura cuando apenas tenía yo 3 años. Las peleas familiares de largos meses que presencié en ese tira y afloja de la determinación de mi hermana por seguir una vida casi incomprensible cuando tanto se la necesitaba en casa, fueron sin duda importantes en mi infancia ¡según me dijeron luego fui yo la que “desvelé” por el pueblo que mi hermana “se iba de monja”.

Después llegarían las cartas, las visitas a ese convento, las directas e indirectas a ir para allá, las revistas con los santos y misioneros que llegaban a casa… y así llegó la adolescencia que pedía “salir de la casa paterna e ir donde se me indicara”. Como si fuera en pequeño la llamada de Abrahán salí a mis 13 años a un lugar de Aspirantado concepcionista donde no fue fácil vivir mi adolescencia, bastante rebelde por cierto, en medio de una dura disciplina y los compromisos en la vida de fe (oraciones, pláticas, prácticas religiosas,…)  que fui asimilando sin gran dificultad, no así el  ambiente que era bastante exigente.

Las llamadas vocacionales ahí eran casi continuas. Muchas de mis amigas salieron del colegio, algunas bastante “rebotadas” pero otras iban al Noviciado y ¿yo qué hacer? Me atraía más salir a la aventura del “mundo” como muchas de mis amigas pero...¡ocurrió una llamada que siempre la vi determinante y “providencial”: la muerte de mi padre cuando apenas tenía 16 años. ¿Qué hacer? ¿Complicar más las cosas en casa o “probar” a descubrir más a Jesús, quien ya se me había ido metiendo poco a poco en el corazón? ¿Ensayar a dejarme enamorar por un joven muchacho que me atraía o emprender una vida, que intuía que no iba a ser fácil, pero que me daría más felicidad en la entrega a los demás, especialmente en la educación?

Tiempo difícil de discernir por dónde me quería el Señor. Siempre he sido rebelde, buscadora y hasta insatisfecha… me he caracterizado por “correr riesgos” mejor que quedarme con lo conocido. Me seduce eso que dice el papa Francisco que prefiere a una iglesia herida porque sale y se arriesga a una que queda aparentemente “sana” pero que en realidad está enferma porque vive para sí… esa ha sido siempre mi forma de ser y actuar: arriesgarme ¡y vaya si he tenido heridas en mi cuerpo y en el alma! He salido herida en el campo de misión y en el de la comunidad, en el tiempo la adolescencia, la juventud y la madurez, hasta hoy, pero así he tenido que recurrir una y mil veces a dejarme curar por mi Buen Pastor que es Jesús.

Mi itinerario vocacional ya ha discurrido por muchos valles y barrancos, por desiertos y vergeles…, he probado muchos alimentos que me han hecho daño y otros en cambio mucho bien, he bebido en muchas fuentes, unas de agua clara y otras casi contaminada… pero de todas he aprendido y de ellas me ha sacado el Señor y conducido hacia las Fuentes de la Vida que es Él mismo.

Mi historia vocacional ya es larga. Digo que he pasado la cuarentena del desierto. Con frecuencia añoré “los ajos y cebollas” que dejé en mi “antiguo Egipto”, me rebelé cuando me faltaba el pan y el agua en la larga travesía de los días y los meses áridos, sin apenas vislumbrar la “Tierra prometida”. Es larga la travesía del desierto y cansa… pero hoy, echando la vista atrás siento que mi vida ha madurado en los largos veranos y he recogido el fruto otoñal porque me he dejado purificar en los inviernos duros con el viento frío y el hielo y sembrar en las primaveras de muchas personas y experiencias que han enriquecido mi vida.

Ha merecido la pena esta travesía y sé que al final de mis días tendré que repetir mi estribillo que me acompaña: “tú lo sabes todo, mi Señor, sabes que te quiero”. En ese “todo” va todo… que sería muy largo de relatar y terminar con un TE QUIERO. A pesar de todo: TE QUIERO, Tú eres la razón de mi vida, Tú eres mi Señor, mi Fuente, mi Pan y mi Agua, mi Vida y mi Plenitud.
 



“Surfing” en la sociedad líquida: la pastoral de la fidelidad
 
José Cristo Rey García Paredes - Jueves 14 de Noviembre del 2013

Nos hemos preocupado mucho de la pastoral vocacional, o juvenil-vocacional. ¿Nos preocupa también, y especialmente ahora, la “pastoral de la fidelidad” a la  vocación recibida?
Lo cristianos recibimos una bellísima denominación: “LOS FIELES”. ¡Ese es nuestro nombre: “los fieles cristianos”! Hoy quiero hablar de “los fieles religiosos”. Acaban de darnos unas encuestas preocupantes sobre el número de abandonos dentro de la vida consagrada en los últimos años. Esas estadísticas admiten muchas explicaciones, pues se trata de la fidelidad de los religiosos europeos, pero también americanos, africanos, asiáticos, de Oceanía… En todo caso, creo que es necesario que contemplemos nuestra situación con serenidad y sabiduría para comprenderla y también para salir del atolladero.
La pastoral de la fidelidad es una tarea urgente. Esa pastoral está llamada a presentar la fidelidad como Buena Noticia en la cultura del “amor líquido”, y a señalizar el camino existencial de la fidelidad con señales de alarma, para evitar los accidentes.

Fidelidad: buena noticia en la cultura del “amor líquido”
Lo hemos escuchado muchas veces en estos últimos años: nos encontramos en la “sociedad líquida”. Es un rasgo de la pos-modernidad. No estamos en la cultura de los compromisos definitivos, de las obligaciones hasta la muerte.
Es bueno que percibamos la fluidez de la realidad. Es inteligente vivir como quienes hacen surfing: siempre preparados para afrontar olas imprevisibles. Todo es líquido en el surfing, menos la tabla. Esa es la base que permite danzar, desplazarse sobre las olas. Esa es la tabla de salvación. No somos personas condenadas a ahogarnos en la sociedad líquida. Necesitamos de una cierta solidez que nos permita encontrar la razón de nuestra vida.
Hoy no se nos pide fidelidad en el comercio, en el deporte, en los medios de comunicación, en el mundo de las empresas. Hay personas que se glorían de su fidelidad a las banderas, a “los colores”. Las iglesias hablan también de sus “fieles”, aunque a veces de forma muy genérica.
La diferencia en unos casos y otros es -para seguir con la imagen del surfing- la tabla sobre la que nos deslizamos sobre las olas. Jesús le pidió una vez a Pedro que surfeara sobre las olas. Pero ¡se hundió, porque dudó! Su tabla no era la fe. La fe es la confianza que ofrece la tabla que nunca falla, pero que requiere también en nosotros un arte de permanente adaptación y equilibrio sin perder nuestra posición.
Sociedad líquida y fidelidad son compatibles. La fidelidad se reajusta a las circunstancias. La fidelidad se basa en la promesa de un Dios que nos es fiel, que ha establecido con nosotros una Alianza sin vuelta atrás: “¿quién podrá separarnos del amor de Jesús, el Cristo?”. Es como un lazo invisible de seguridad, que nos promete ayuda, cuidado, salvación en los momentos en que las olas amenacen tragarnos. Ese lazo invisible nos anima a seguir danzando esperanzados sobre las olas, mientras nos dice: “No temas, estoy contigo”. Por eso, la fidelidad es, ante todo, diálogo, escucha, verificación constante de contacto con esa “misteriosa torre de control”. Fidelidad es conexión también con la “tabla”, esa realidad humana que nos ha sido entregada como don (una persona, una comunidad, una congregación, una iglesia, una humanidad, una tierra). Nuestra fidelidad a Dios está siempre ligada a otras fidelidades, se encarna en ellas, en ellas se sacramentaliza. En la vida consagrada conectamos nuestra fidelidad a Dios, con nuestra fidelidad a los hermanos o hermanas de nuestro Instituto, de nuestra comunidad. Se trata de una alianza multilateral y que, por eso, se expresa de muchas formas.
La fidelidad crece en la medida en que crece nuestra fe. Lo contrario sucede con la infidelidad. Pero también hay que decir que la fidelidad crece en la medida en que los otros creen en nosotros (“quien te cree, te crea”); y decrece por todo lo contrario. Es digno de fe quien cree en ti: la comunidad, la institución que cree en ti. La fidelidad es la respuesta a una Alianza. Tenemos la convicción de que nuestro Dios “cree” en nosotros y que mantiene su fidelidad. Pero ¿ocurre lo mismo con nuestros hermanos o hermanas de comunidad? ¿Con las instituciones eclesiales o congregaciones y quienes las lideran? La respuesta fiel se ve amenazada no solo por nuestros demonios interiores, también por los demonios exteriores. Pero tales amenazas, no deben causar pánico: son transitorias y es fácil esquivarlas, cuando el surfing se realiza bien situados en la tabla y con el lazo invisible.

Señales de alarma
La pastoral de la fidelidad tiene hoy una tarea importante: señalizar el camino de la fidelidad en la sociedad líquida. Esas señales alertan de los posibles peligros y dificultades. Yo me atrevo a insinuar algunas señales de alarma.
Cuando en mí prevalece la crítica, el chismorreo, el permanente desacuerdo sobre todo: estoy entrando en un proceso de desequilibrio interior y exterior; estoy perdiendo el control; pierdo la fe en la realidad en la que me encuentro; no hago nada para mejorarla, porque me parece que no tiene solución: lo único que me queda es la queja, la murmuración. Esta situación va minando mi vida y abre la puerta a “otras alternativas”.
Cuando por cualquier causa -que, además justifico- no asisto a los actos comunitarios, especialmente de oración comunitaria, o si asisto, es siempre con displicencia hacia la forma de realizarlos: desconectarse de la comunidad orante y confesante es como prescindir de esa “tabla” que Dios pone a nuestra disposición para mantenernos en medio de las olas. La comunidad litúrgica, orante, nos muestra la permanente fidelidad de Dios a su pueblo, a su comunidad, a cada uno de nosotros. Siempre en ella, a pesar de nuestra pobre mediación, Dios realiza sus milagros, el Espíritu concede sus inspiraciones y comunica sus energías. Quien no participa de la comunidad litúrgica y orante desvitaliza su fe, socava poco a poco su fidelidad.
Cuando se va apagando el fuego apostólico y profético: cuando me convierto en un mero trabajador o empleado “religioso”, cuando me siento únicamente miembro de una institución que me da trabajo y alimenta, pero no me interesan sus proyectos, sus sueños; cuando ante cualquier propuesta de cambio, de re-organización, me muestro cansado, escéptico, negativo. La fidelidad crece cuando siento dentro de mí el fuego que hacía arder el corazón de los apóstoles y profetas y los lanzaba a una misión apasionada de testimonio y servicio del Evangelio.
Cuando busco mi consuelo ante los problemas de la vida en entretenimientos, en curiosidades vanas, en la superficialidad de una sociedad ansiosa siempre de “novedades” sin fuste: me decía mi padre cuando fui al seminario algo que nunca olvidaré: “cuando tengas dificultades, problemas, hijo mío, ¡mucho sagrario y mucho estudio!”. Y con ello me dio un sabio consejo: la confianza absoluta y la amistad inconmovible con Jesús-Eucaristía es la fuente de todo consuelo, de todo equilibrio, el punto para recuperar la energía perdida; y, por otra parte, el estudio, el afán por hacer crecer nuestra “inteligencia”, por entender y captar la realidad “desde dentro”. No basta con implicarse en la misión; hoy necesitamos implicarnos en ella de una manera “inteligente”. Quien no lo hace se defrauda, se desentiende, se vuelve mero funcionario. Pierde la mística.
La infidelidad también acosa a las comunidades, a las instituciones de la vida religiosa y al liderazgo. No es lo mismo un pastor que un mercenario, nos dice Jesús. No es lo mismo un redil, que una cárcel. No es lo mismo un tribunal de mutuas acusaciones que una comunidad. También la fidelidad de las comunidades, de las instituciones y de nuestros líderes a cada una de las personas que las forman o les han sido confiadas es un elemento estabilizador en la sociedad líquida. ¿Qué decir cuando la persona es reducida a mero número, a una pieza que se mueve de acá para allá sin consideración, cuando hay discriminaciones e injusticias? Ahí tenemos una pastoral mercenaria de la infidelidad.
Cuando todo esto sucede ¿no se está ya quebrando la fidelidad? Estas “actitudes vitales” desequilibran tanto que en un momento u otro se producirá la caída, la absorción en las olas de la sociedad líquida. Poco importa que sea dejando la institución o quedándome dentro.
La pastoral de la fidelidad es hoy más necesaria que nunca. ¡Qué bello sería recuperarnos para ser dignos de nuestro auténtico nombre! ¡Fieles cristianos! ¡Fieles religiosos!

 



En torno al salmo 138

Señor, tú me llegas hasta el fondo y me conoces por dentro.
Lo sé: me conoces cuando no paro o cuando no sé que hacer.
Mis ilusiones y mis deseos los entiendes como si fueran tuyos.
En mi camino has puesto tu huella,
en mi descanso te has sentado a mi lado,
todos mis proyectos los has tocado palmo a palmo.
Tú oyes el corazón del hombre sumido en el silencio,
cuando aún no tiene palabras para abrirse a ti.

Es increíble: me tienes agarrado totalmente,
me cubres con tu palma y me siento tuyo.
Como grano de arena en el desierto,
como gota de agua perdida en el mar,
así me encuentro ante ti.
Dios mío, quiero abrir mis brazos y abrazarte,
quiero llegar hasta tu orilla y nunca toco tu tierra.

Cuando escalo mi vida y me supero, allí estás Tú.
Cuando me canso en el camino y me siento barro,
allí, perdido en mi dolor, te encuentro a ti.
Cuando mis alas se hacen libertad sin fronteras
y toco el despertar de algo nuevo;
cuando surco los mares de mis sueños
y pierdo la arena pegadiza de mis playas,
allí está tu mano y tus ojos, y tu boca…
allí, como Amigo fiel, de nuevo estás tú.

Tú eres como manantial de donde brota el río,
como raíz de donde arranca el árbol.
Tu vida se ha hecho vida en mis entrañas,
me has dado el origen y quieres que camine
hacia la meta que no es otra sino tú.
Soy tuyo: sólo tu amor da respuesta a mi pregunta.
Te doy gracias porque me has llamado a ser feliz.

Señor, me conoces hasta el fondo de mi alma,
nada se te esconde de cuanto soy en lo más profundo.
Yo me pregunto si el sentido de mi vida
puede darse si le faltas tú.

Dios mío, sondéame para conocer mi corazón,
ponme a prueba para conocer mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía o se vuelve camino muerto.
Guíame por el camino nuevo que has abierto entre los hombres.
Quiero hacer de él un proyecto para mi vida,
y paso a paso, desde lo hondo de mi ser, vivir para Ti."



DONDE YO NO PUEDO… ID VOSOTRAS
 
Llevad el don del carisma,
Llevad la Congregación…
A vosotras, como a mí,
os ha elegido el Señor para extender el Reino
 y llevar mi bendición
Id vosotras…donde no pude ir yo
 
Id a toda raza y color
Bendecidas por Dios Padre,
Sedientas de redención,
Con la gracia del Espíritu,
Y Maria a vuestro lado… Llevad la Congregación
Id vosotras…donde no pude ir yo
 
A mi me sorprendió la muerte con el corazón anhelante
y  tarea por hacer…
Y por eso os encomiendo:
Allá donde quise y no pude… id vosotras… ¡siempre adelante!
 
Sed misioneras, llevad la Congregación.
El campo es el mundo entero.
La semilla el Evangelio;
El agua, estudio y oración
Para llegar así a ser “Tierra de bendición”
 
No temáis…
Quien comenzó la obra en vosotras la llevará a buen final…
Desde el cielo os acompaño con mi presencia y mi bendición
Id vosotras…donde no pude ir yo

 



LA ESENCIA DE LA VIDA

Un joven descubrió, a las afueras de la ciudad, un enorme almacén donde todos los días entraban centenares de camiones cargados con miles de pequeños frascos de colores. Lleno de curiosidad entró dentro y preguntó al encargado qué eran todos aquellos frascos y qué contenían.
 
“Esto que ves aquí – le dijo- es todo lo que en la gran ciudad se desperdicia. Cada uno de estos frascos contiene una esencia desaprovechada, algo que nadie ha querido saborear porque todos suelen estar demasiado ocupados en sus prisas y problemas.”
 
El joven se quedó perplejo. El encargado continuó hablando:
 
“¿Ves? Este frasco contiene la sonrisa de un niño que sus padres no acertaron a ver. Aquel tiene la ilusión de un joven disfrazado de rebeldía que los maestros no supieron valorar. En ese otro hay un beso que alguien no quiso r