Rosario Moreno Montalvo

                 


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TEXTOS PARA EL ACOMPAÑAMIENTO, SEGÚN EL PAPA FRANCISCO
I.- DIOS SIEMPRE PRIMEREA
EG 24: Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar
 
La Iglesia en salida es la comunidad de dis­cípulos misioneros que primerean, que se involu­cran, que acompañan, que fructifican y festejan. « Primerear »: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe ade­lantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fru­to de haber experimentado la infinita misericor­dia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear! Como consecuencia, la Iglesia sabe « involucrarse ». Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los de­más para lavarlos. Pero luego dice a los discípu­los: « Seréis felices si hacéis esto » (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es ne­cesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangeliza­dores tienen así « olor a oveja » y éstas escuchan su voz. Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a « acompañar ». Acompaña a la huma­nidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites. Fiel al don del Señor, también sabe « fructificar ». La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imper­­fectos o inacabados. El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimo­nio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora. Por último, la comunidad evangelizadora gozo­sa siempre sabe « festejar ». Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evan­gelización. La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia dia­ria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la litur­gia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo.
 
II.- CENTRADO EN LA PERSONA Y EN CAMINO
EG 172
El acompañante sabe reconocer que la situación de cada sujeto ante Dios y su vida en gracia es un misterio que nadie puede conocer plenamente desde afuera. El Evangelio nos pro­pone corregir y ayudar a crecer a una persona a partir del reconocimiento de la maldad objetiva de sus acciones (cf. Mt 18,15), pero sin emitir jui­cios sobre su responsabilidad y su culpabilidad (cf. Mt 7,1; Lc 6,37). De todos modos, un buen acompañante no consiente los fatalismos o la pusilanimidad. Siempre invita a querer curarse, a cargar la camilla, a abrazar la cruz, a dejarlo todo, a salir siempre de nuevo a anunciar el Evangelio. La propia experiencia de dejarnos acompañar y curar, capaces de expresar con total sinceridad nuestra vida ante quien nos acompaña, nos ense­ña a ser pacientes y compasivos con los demás y nos capacita para encontrar las maneras de des­pertar su confianza, su apertura y su disposición para crecer.
MV 2
            Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.
 
III.- MIRADA CERCANA PARA CONTEMPLAR, CONMOVERSE Y DETENERSE
 
EG 169
 
En una civilización paradójicamente heri­da de anonimato y, a la vez obsesionada por los detalles de la vida de los demás, impudorosamen­te enferma de curiosidad malsana, la Iglesia nece­sita la mirada cercana para contemplar, conmo­verse y detenerse ante el otro cuantas veces sea necesario. En este mundo los ministros ordena­dos y los demás agentes pastorales pueden hacer presente la fragancia de la presencia cercana de Jesús y su mirada personal. La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos —sacerdotes, religiosos y laicos— en este « arte del acompañamiento », para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5). Tenemos que darle a nuestro caminar el rit­mo sanador de projimidad, con una mirada res­petuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana.
 
IV.- ALCANZAR LA VERDADERA LIBERTAD
 
EG 170
 
Aunque suene obvio, el acompañamiento espiritual debe llevar más y más a Dios, en quien podemos alcanzar la verdadera libertad. Algu­nos se creen libres cuando caminan al margen de Dios, sin advertir que se quedan existencialmente huérfanos, desamparados, sin un hogar donde re­tornar siempre. Dejan de ser peregrinos y se con­vierten en errantes, que giran siempre en torno a sí mismos sin llegar a ninguna parte. El acompa­ñamiento sería contraproducente si se convirtie­ra en una suerte de terapia que fomente este en­cierro de las personas en su inmanencia y deje de ser una peregrinación con Cristo hacia el Padre.

V.- PACIENTE Y GRADUAL
EG 222, 223
 
Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El « tiempo », ampliamente consi­derado, hace referencia a la plenitud como expre­sión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al fu­turo como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.
Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmedia­tos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Es una in­vitación a asumir la tensión entre plenitud y lí­mite, otorgando prioridad al tiempo. Uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos. Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para in­tentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Es cristalizar los pro­cesos y pretender detenerlos. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilu­mina y los transforma en eslabones de una ca­dena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e in­volucran a otras personas y grupos que las desa­rrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad.
 
VI.- ATENTO Y VIGILANTE
EG 45
Vemos así que la tarea evangelizadora se mueve entre los límites del lenguaje y de las cir­cunstancias. Procura siempre comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determina­do, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posi­ble. Un corazón misionero sabe de esos límites y se hace «débil con los débiles […] todo para todos » (1 Co 9,22). Nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la ri­gidez autodefensiva. Sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y en­tonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino.
 
MM 15
Estoy convencido de la necesidad de que, en la acción pastoral animada por la fe viva, los signos litúrgicos y nuestras oraciones sean expresión de la misericordia del Señor. Es él mismo quien nos da palabras de esperanza, porque nada ni nadie podrán jamás separarnos de su amor (cf. Rm 8,35). La participación del sacerdote en este momento significa un acompañamiento importante, porque ayuda a sentir la cercanía de la comunidad cristiana en los momentos de debilidad, soledad, incertidumbre y llanto.

VII.- AYUDANDO A CRECER Y A SALIR
EG 172, 173
El acompañante sabe reconocer que la situación de cada sujeto ante Dios y su vida en gracia es un misterio que nadie puede conocer plenamente desde afuera. El Evangelio nos pro­pone corregir y ayudar a crecer a una persona a partir del reconocimiento de la maldad objetiva de sus acciones (cf. Mt 18,15), pero sin emitir jui­cios sobre su responsabilidad y su culpabilidad (cf. Mt 7,1; Lc 6,37). De todos modos, un buen acompañante no consiente los fatalismos o la pusilanimidad. Siempre invita a querer curarse, a cargar la camilla, a abrazar la cruz, a dejarlo todo, a salir siempre de nuevo a anunciar el Evangelio. La propia experiencia de dejarnos acompañar y curar, capaces de expresar con total sinceridad nuestra vida ante quien nos acompaña, nos ense­ña a ser pacientes y compasivos con los demás y nos capacita para encontrar las maneras de des­pertar su confianza, su apertura y su disposición para crecer.
 
El auténtico acompañamiento espiritual siempre se inicia y se lleva adelante en el ámbito del servicio a la misión evangelizadora. La relación de Pablo con Timoteo y Tito es ejemplo de este acompañamiento y formación en medio de la ac­ción apostólica. Al mismo tiempo que les confía la misión de quedarse en cada ciudad para «terminar de organizarlo todo » (Tt 1,5; cf. 1 Tm 1,3-5), les da criterios para la vida personal y para la acción pastoral. Esto se distingue claramente de todo tipo de acompañamiento intimista, de autorrealización aislada. Los discípulos misioneros acompañan a los discípulos misioneros.
 
 
VIII.- CUIDAR ENTRE TODOS: Acompañamiento en cadena
EG 99
El mundo está lacerado por las guerras y la violencia, o herido por un difuso individualis­mo que divide a los seres humanos y los enfrenta unos contra otros en pos del propio bienestar. En diversos países resurgen enfrentamientos y viejas divisiones que se creían en parte superadas. A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y res­plandeciente. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mu­tuamente y cómo os acompañáis: « En esto reco­nocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tengáis unos a otros » (Jn 13,35). Es lo que con tantos deseos pedía Jesús al Padre: « Que sean uno en nosotros […] para que el mundo crea » (Jn 17,21). ¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Es­tamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos.
 
EG 171
Más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompaña­miento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de los lobos que intentan disgregar el rebaño. Ne­cesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír. Lo primero, en la comunicación con el otro, es la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la tranquila condición de espectadores. Sólo a partir de esta escucha res­petuosa y compasiva se pueden encontrar los caminos de un genuino crecimiento, despertar el deseo del ideal cristiano, las ansias de respon­der plenamente al amor de Dios y el anhelo de desarrollar lo mejor que Dios ha sembrado en la propia vida. Pero siempre con la paciencia de quien sabe aquello que enseñaba santo Tomás de Aquino: que alguien puede tener la gracia y la ca­ridad, pero no ejercitar bien alguna de las virtu­des «a causa de algunas inclinaciones contrarias» que persisten. Es decir, la organicidad de las virtudes se da siempre y necesariamente «in habi­tu», aunque los condicionamientos puedan difi­cultar las operaciones de esos hábitos virtuosos. De ahí que haga falta «una pedagogía que lleve a las personas, paso a paso, a la plena asimilación del misterio». Para llegar a un punto de madurez, es decir, para que las personas sean capaces de decisiones verdaderamente libres y responsables, es preciso dar tiempo, con una inmensa pacien­cia. Como decía el beato Pedro Fabro: « El tiem­po es el mensajero de Dios ».
 


Llamada a la comunión

“Hay diversidad de dones, pero un solo Espíritu, diversidad de ministerios pero un solo Señor”. (1 Cor 12, 4 ss)

Padre Santo, guarda en tu Nombre a los que me has dado para que sean uno como nosotros” (Jn. 17,11)

MOTIVACIÓN

Ya desde el comienzo del milenio, fue Juan Pablo II quien hizo una fuerte llamada a la comunión y planteó el reto de la Iglesia en comunión: nos decía “Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades….(NMI43)
La Congregación viene haciéndose eco de esta llamada; y tanto en Capítulo, asambleas,… como en circulares de nuestros superiores mayores esta llamada ha sido insistente.  La última ocasión ha sido en el XVI Capítulo provincial celebrado hace unos días.  Profundicemos un poco en esta llamada y oremos al Espíritu, que es quien genera esta comunión.
 
PARÁBOLA
“En cierta ocasión, los colores comenzaron a pelearse. Cada uno quería ser el más importante. El verde alegaba que era el color de la vida y la esperanza y el más repartido en la naturaleza. El azul reivindicaba ser el color del agua y del cielo, del mar y de la paz. El amarillo decía ser el color de la alegría, del sol y de la vitalidad. El naranja pretendía ser el color de la salud, de la vitamina y de la fuerza. Sólo había que pensar en los naranjos, mangos, papayas, zanahorias y calabazas. El rojo subrayaba su fuerza y valor, su pasión y su fuego. El púrpura subrayó que era el color de la nobleza y del poder. El añil hacía notar que era el color del silencio, de la reflexión, de la oración y del pensamiento profundo.
La lluvia observó la disputa e intervino con su fuerza. Los colores se acurrucaron entre sí y se fundieron en uno. Cuando cesó la lluvia se desplegaron en forma de arco iris y todos y cada uno de ellos lució su belleza y se dieron cuenta de la belleza del conjunto”.
 
¿Con qué color personal me ha enriquecido el Espíritu para bien de todos?
Tratemos de sacar de él todo su contenido: Somos distintos, pero “convocados en un mismo carisma dentro de la diversidad de carismas personales”. Y la primera palabra que nos surge es GRACIAS. Sí. Gracias porque se nos convoca a una nueva aventura llena de vida y esperanza.
Y después nos brota una ORACIÓN.
 
REFLEXIÓN SOBRE EL ARCO IRIS
            Somos diferentes. Pero aquí está la riqueza y belleza del colorido.
Entre nosotros está el COLOR VERDE del que siembra esperanza, de quien aporta la palabra de ánimo, de quien ve en el futuro una llamada a construir el Cielo y la Tierra nuevos que anhelamos. 
¿Quién da el color verde al Arco Iris de mi comunidad”?
 
            También está el COLOR AZUL del Cielo y del mar. Es el de la persona que da serenidad, que pone paz, que deja un tono de bondad en su palabra y en su silencio.
¿Reconoces el color azul en tu comunidad colegial?
            Llega el COLOR AMARILLO de la alegría, del sol y de los campos abiertos, llenos de mies madura para la siega. Es el color de la persona que sonríe a pesar de las dificultades, que vive con ilusión su vida de educador/a después de ¡muchos años de enterrar semillas en el duro bregar de la misión encomendada!
¿Seré yo este color de la fiesta del Arco-Iris colegial?
 
Y ¿cómo no va a unirse a este Arco-Iris el COLOR NARANJA de los frutos maduros, de la salud y de la fuerza? Es el color de las personas que dejan buen sabor con su compañía, con sus palabras de vida, con su madurez humana y su fe cristiana, con su fortaleza de espíritu, aunque el cuerpo se desmorone...
¿Quién lleva el color naranja entre nosotros?
 
            Llega -no podía faltar- el COLOR ROJO del valor y de la fuerza, de la pasión y del dolor; el color de los mártires y de los místicos, el color del AMOR. También en nuestros Colegios hay toques de color rojo de quien entrega su vida por amor, de quien ama gratuitamente, de quien tiene al Señor como Único Tesoro...
¿Tienes acaso el color rojo?
 
            Y completando el ARCO - IRIS está el COLOR PÚRPURA de la nobleza y el poder, de la autoridad hecha servicio, de la perseverancia, de la fidelidad a toda prueba, de la palabra dada y mantenida...
¿Descubro el color púrpura entre mis compañeros?
 
Y termina el Arco-Iris con el COLOR AÑIL del silencio y la reflexión, de la vida de oración y contemplación que es la fuente de toda vida, oración que es como el manantial que hace surgir el Agua que salta hasta la Vida Eterna...
¿Quién aporta los colores añil a este Arcoíris?
 
Y ahora me pregunto Señor:
  • ¿Con qué color quiero enriquecer el ARCO-IRIS de la Congregación? ¿Con qué color me ha enriquecido Dios?
  • ¿De qué colores has vestido mi corazón?
  • ¿Soy rojo-amarillo-azul? ¿Quizá tengo algo de añil o verde?
  • ¿Es mi color el naranja o el púrpura?
Eso sí: Quiero ser un color nítido que se deje atravesar por tu Agua-el Agua del Espíritu- y que junto con el color de cada uno de mis compañeros forme el color BLANCO de la paz y la concordia.   
 
Gracias, Señor por permitirme formar parte de este ARCO- IRIS. Gracias por llamarme a convivir con… y por llamarnos a ser entre todos un signo de esperanza y armonía.

OREMOS AL ESPÍRITU
  • Ven Espíritu, dador de vida, abre nuestros oídos, libéralos de sorderas cómplices, de tapones distorsionadores. Limpia nuestra mirada, transforma nuestro corazón, ensancha nuestras entrañas, aligera nuestros pies en la dirección que tú nos marques.
  • Haz, Tú, posible que este tiempo sea de docilidad a tu acción, de soltar nuestros controles, de abrir puertas y ventanas. Danos la capacidad de acoger las interpelaciones que nos vengan: molestas algunas, difíciles de aceptar otras, que nos desconcertarán, nos producirán dolor y seguramente nos desplazarán de muchas de nuestras seguridades y certezas hacia la búsqueda permanente de tus caminos. 
  • Concédenos también que este tiempo lo sea de humor entrañable para no tomarnos demasiado en serio y poner así de manifiesto que el Reino que buscamos es tuyo y no nuestro, don tuyo y regalo que pide ser acogido y cuidado.  ¡Ven que te necesitamos!      
 
En 1893, escribió Carmen Sallés: “eviten la desunión de voluntades que tanto daño causa...”  Todos sus esfuerzos iban encaminados a crear en sus seguidoras una experiencia común de identidad, un sentimiento de ser “nosotras” (“nosotros...”). Tuvo dificultades  y luego escribía en un reglamento del Colegio: “... tiene este Colegio la ventaja de marchar a su objetivo bajo la unidad de acción, unidad de principios, unidad de sentimientos y método, que produce en las educandas espíritu de orden, de unión, de inocencia, de amor al estudio y al trabajo; y, sobre todo, un espíritu completamente cristiano...”


Descalzarse para entrar en el otro
 
Una mañana, meditando un anuncio me encontré con una expresión que resonó de una manera muy especial en mi corazón: “Descalzarse para entrar en el otro”.
Le pregunté al Señor qué significaba esto. Se me ocurrían palabras como respeto, delicadeza, cuidado, prudencia. Me sentí impulsado a leer las palabras del Éxodo 3,5: “No te acerques más, sácate tus sandalias porque lo que pisas es un lugar sagrado”. Fueron las palabras de Yahvé a Moisés ante la zarza que ardía sin consumirse, y pensé: “Si Dios habla al interior de mi hermano, su corazón es un lugar sagrado”.
No tardé en ponerme en oración. Jesús me presentaba uno a uno a mis amigos y conocidos y luego a otros. Y descubrí cómo habitualmente entro en el interior de cada uno sin descalzarme, simplemente entro: Sin fijarme en el modo, entro. Experimenté una fuerte necesidad de pedir perdón al Señor y a mis hermanos.
Sentí que el Señor me invitaba a descalzarme y luego a caminar. Inmediatamente experimenté una resistencia: “no quería ensuciarme”. Me resultaba más seguro andar calzado en los otros: la comodidad y el temor.
Vencido este primer momento comencé a caminar y el Señor a cada paso iba mostrándome algo nuevo. Advertí cómo descalzo podía descubrir las alternativas del terreno que pisaba, distinguir lo húmedo y lo seco del pasto de la tierra. Necesitaba mirar a cada paso lo que pisaba, estar atento al lugar donde iba a poner mi pie.
Me di cuenta de cuántas cosas del interior de mis hermanos se me pasan por alto, las desconozco, no las tengo en cuenta… por entrar calzado, con la mirada puesta en mí o disperso en múltiples cosas. Pude ver también cómo descalzo, caminaba más lentamente; no usaba mi ritmo habitual, sino tratando de pisar suavemente.
Donde mis zapatillas habían dejado marcas, mi pie no las dejaba. Pensé entonces cuántas marcas habré dejado en el corazón de mis hermanos a lo largo del camino y experimenté un gran deseo de entrar en los otros sin dejar un cartel que diga: “aquí estuve yo”.
Por último, fui atravesando distintos terrenos, primero de pasto, luego un camino de tierra hasta llegar a una subida y con piedras.  Sentí ya deseos de detenerme y volver a calzarme, pero el Señor me invitó a caminar descalzo un poquito más. Advertí que no todos los terrenos son iguales y no todos mis hermanos son iguales.
Por tanto, no puedo entrar en todos de la misma manera.
Esta subida me exigía aún más lentitud y cuando más suavemente pisaba, el dolor de mis pies era menor. Esto me decía: “cuanto más difícil sea el terreno del interior de mi hermano, más suavidad y más cuidado debo tener para entrar”.
Después de este recorrido con el Señor, pude ver claramente que descalzarse es entrar sin prejuicios,
...atento a la necesidad de mi hermano, sin esperar una respuesta determinada, es entrar sin intereses, despojado de mi alma. Porque creo, Señor, que estás vivo y presente en el corazón de mis hermanos, es que me comprometo a detenerme,
...descalzarme y entrar en cada uno como en un lugar sagrado.



EDUCAR HOY Y MAÑANA, UNA PASION QUE RENUEVA
(SÍNTESIS DEL CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE LA EDUCACIÓN CATÓLICA)
 
I-IDENTIDAD Y MISIÓN
¿Piensas que vamos creciendo en la toma de conciencia de la IDENTIDAD de la Escuela Católica?
¿En qué se nota?
¿Cuál es nuestra IDENTIDAD? (5 rasgos) ¿Y nuestra MISION? (5 rasgos)
Ambas dimensiones están absolutamente unidas.
 La misión expresa la identidad, y ésta garantiza la misión.
 
EXPLICALO
  La misión constituye la expresión dinámica y fecunda de la identidad, ya que la identidad es un patrimonio que hay que “invertir” y poner a disposición como un don, para que dé fruto.
EXPLICA CÓMO HACERLO
  La identidad exige un proceso de identificación, y la misión necesita ser vivida de modo apasionado.
 
¿Se vive así?
  Las escuelas católicas están llamadas a asumir actitudes pro-activas para reafirmar el valor de la persona humana,
¿Qué actitudes serán esas?
 
II-LOS SUJETOS QUE INTERACTÚAN EN LA EDUCACIÓN CATÓLICA
Define comunidad:
Sujetos de la misma.
¿Vamos creciendo en SER COMUNIDAD? ¿En qué se nota?
Lo que caracteriza de manera peculiar la presencia y la acción de esta pluralidad en una escuela católica es que forman una COMUNIDAD.
 
  CONVICCIONES fundamentales que sustentan esta comunidad son:    RASGOS esenciales que delinean el perfil de las comunidades que actúan en las escuelas católicas son:   Especialmente, urge afianzar, estructurar, canalizar e impulsar la participación del profesorado.
 
Haz una evaluación de cómo se viene haciendo.
 
III-LA FORMACIÓN DE LOS FORMADORES.
 
¿Cómo estamos llevando el proceso formativo?
¿Cómo mejorar?
La comunidad de una institución educativa católica ha de ser constituida por docentes dotados no sólo de la necesaria competencia profesional, sino que además sean conscientes de su papel como educadores, de su verdadera identidad y sientan la exigencia de amar el servicio cultural a favor de la sociedad…
 
Evalúate en esto
  Fidelidad a la tradición y a la historia de las escuelas católicas que han prestado particular atención a la formación de los formadores dedicando sus mejores energías a esta tarea.
 
¿Conoces la tradición e historia de la Escuela concepcionista?
Di algún punto que consideres importante.
 
  Formación no solo en las competencias profesionales, sino que sobre «haga hincapié en la dimensión vocacional de la profesión docente… con una mentalidad inspirada en las valores evangélicos», según los rasgos «específicos de la espiritualidad y de la misión del Instituto».
 
Di algún rasgo de esto…
  La finalidad de la formación consiste en construir y consolidar la comunidad de los educadores para que se llegue a una misión educativa cada vez más compartida
Necesitamos avanzar hacia una auténtica “visión compartida” que dé sentido y garantías a la misión que estamos compartiendo.
 
Diferencias entre Misión Compartida y Visión Compartida
 
IV-LOS GRANDES DESAFÍOS
 
1. Promover un recorrido de educación integral de los alumnos
 
Señala aspectos de esta educación integral
a) Asegurando oportunidades de crecimiento/aprendizaje en el respeto de la dignidad y unicidad de cada uno y estimulando a las personas a que desarrollen los valores y las virtudes necesarias para una vida sana y gozosa, mediante situaciones educativas formales, informales y no formales;
 
¿Qué oportunidades?
  b) Coordinando y armonizando las varias dimensiones del aprendizaje (cognitivo, afectivo, social, ético, espiritual, profesional, etc.) en la unidad integrada de la persona que aprende;
 
Analiza cómo educamos estas dimensiones
  c) Valorando los talentos de cada cual según la lógica de la cooperación y de la solidaridad, favoreciendo que el sentido comunitario cristiano vaya madurando, en un clima de familia y de acogida;
 
  d) Cuidando la calidad de las relaciones interpersonales, promoviendo el respeto por las ideas, la apertura al diálogo, la capacidad de interactuar y trabajar juntos en un espíritu de libertad y compromiso;
 
¿Qué necesitamos más de esto?
 
2. El desafío de la formación y la fe.
 
Este desafío invita a las escuelas católicas a:
 
 
a) Llevar a cabo un atento discernimiento a la hora de seleccionar y formar a los docentes;
 
b) Cultivar y seguir con particular solicitud y compromiso la formación de los laicos que asumirán roles de liderazgo en las instituciones educativas;
 
¿Cómo hacerlo?
  c) Promover alianzas educativas con las familias y otros interlocutores de las comunidades educativas (la iglesia local, la comunidad social, otras instituciones educativas, culturales, etc. del territorio);
 
 
¿Qué podemos hacer en este sentido?
  d) ofrecer un testimonio evangélico comunitario claro y reconocible, que puede expresarse en explícitas formas y propuestas culturales (allí donde el contexto lo permita) o en presencia de una fe viva y vital, allí donde hay situaciones de explícita o implícita hostilidad que convierten el testimonio silencioso en la única forma posible de misión.   Una escuela es una escuela y sirve a la tarea educativa.
Pero una escuela católica, haciendo escuela desde la perspectiva católica, sirve a la evangelización. Porque evangeliza la cultura, las relaciones, los valores, la educación en sí misma.
¿Qué podemos
 hacer?
 
3. El desafío de las periferias
 
¿Qué es la periferia?
….Quienes se encuentran en situaciones difíciles, los más pobres, frágiles, necesitados, no deben percibirse en nuestras instituciones como un estorbo o un obstáculo, sino como el centro de la atención y de la ternura de la escuela.
 
¿Cómo nos evaluamos en esto?
  … ante todo, en atender a las necesidades de los pobres, a los que se ven privados de la ayuda y del afecto de la familia o que no participan del don de la fe.
 
¿Quiénes son los pobres?
  … mantener viva la atención hacia los más débiles marcados por la pobreza material, por la falta de recursos necesarios para vivir con dignidad; hacia las personas discapacitadas o que presentan necesidades educativas especiales y que, por lo tanto, necesitan de un cuidado particular; o hacia quienes carecen de los medios indispensables para continuar con los estudios, para matricularse en escuelas católicas que, por falta de grandes disponibilidades, se encuentran a veces en dificultad para responder a estos pedidos, aun queriendo responder.
¿Qué hacer aquí?
  Tratamos de que nuestro proyecto educativo (integral, inclusivo, configurado desde el Evangelio y abierto a todos), encarnado por Instituciones y personas
identificadas y convencidas, crezca y se desarrolle entre los más pobres, entre las periferias crecientemente abundantes de nuestras diversas e interculturales sociedades.
 
¿Lo hacemos así?
 


 


Diez reglas para rezar con sencillez
 
1.- Tómate cada día unos minutos de tiempo para estar solo y en paz. Relaja tu cuerpo, tu cabeza y tu corazón.
2.- Habla a Dios con sencillez y naturalidad y dile todo cuanto te preocupa. No es necesario que utilices fórmulas extrañas. Háblale con tus propias palabras. Él las entiende perfectamente.
3.- Entra en diálogo con Dios cuando estás en el trabajo diario. Cierra los ojos, aunque sólo sean dos segundos, donde quiera que estés… en el negocio, en el autobús, en la mesa de trabajo…
4.- Haz convicción de esta verdad: Dios está contigo y quiere ayudarte. No es que tú estés acosando a Dios para que te dé Su bendición, todo lo contrario, es Él quien quiere bendecirte.
5.- Reza con la seguridad de que tu oración es inmediatamente eficaz, más allá de tierras y mares, y protege donde quiera que se encuentren tus seres queridos y hace que les llegue a ellas el Amor de Dios.
6.- Cuando reces, tienes que tener ideas positivas y apartar las negativas.
7.- Cuando te pongas a rezar reafirma siempre la actitud de estar dispuesto a aceptar, sea cual fuere, la voluntad de Dios.
8.- Cuando estás rezando déjalo todo en manos de Dios. Pídele que te dé fuerzas para hacer todo cuando esté en tus manos y, el resto, queda en buenas manos, en las Suyas.
9.- Di una buena palabra de intercesión por aquellos que no te quieren bien o te han tratado mal, eso te dará vigor y una fortaleza extraordinaria.
10.- Reza todos los días por tu país y por la paz en el mundo.
 

 
SOBRE LA DEVOCIÓN A MARIA
 
Ten un momento de encuentro con María. Puede ser el Ángelus a  mediodía, una Avemaría al levantarte o tres avemarías al acostarte. Conseguirás, entre otras cosas, recordar y consolidar esta salutación mariana salida de los labios del Ángel San Gabriel hacia la Virgen María.
  1. La mejor devoción mariana es la escucha de la Palabra de Dios. Ten a mano el evangelio o la biblia y le un poco cada día.
  2. El Rosario, lejos de ser una práctica desfasada (aunque lo sea muchas veces centenaria) es una forma práctica de fijar en el pensamiento las principales estampas de la vida de Cristo. Sus misterios de gozo, dolor, luz y gloria nos ayudan a sintetizar y meditar el núcleo de nuestra fe. ¿Sabes rezar el rosario? ¿Lo haces frecuentemente? ¿Lo enseñas a los que te rodean? ¡qué buen regalo puedes hacer a María este mes que te lo devolverá con creces!
  3. El culto a la Virgen María, a la fuerza, ha de desembocar en la adoración al Señor. Cruz y María, Pascua y Virgen van siempre de la mano. ¿Recurres a María como intercesora en los momentos más trascendentales de tu vida? ¿Existe en tu hogar una imagen que recuerde que, la vida cristiana, está cimentada en Cristo pero empujada por María?
  4.  ¡Díselo con flores! Un detalle vale poco y dice mucho. ¿Cuánto hace que no ofreces una flor a la Virgen? ¿Cuánto hace que no llevas una estampa de la Madre de Dios en tu cartera, en tu automóvil? ¿Cuánto hace que suprimiste de tu escritorio o de tu despacho una imagen de María porque te daba vergüenza manifestar tu condición cristiana?





QUE ENTENDEMOS POR PROYECTO EDUCATIVO-PASTORAL CONCEPCIONISTA
 
  1. Es el proyecto que busca integrar la tarea educativa del Centro Carmen Sallés según el ideario y propuesta educativa concepcionista. Conduce a una integración que unifica y plenifica a la persona, a la vez que hace por  su proyección en la sociedad un servicio útil y constructivo
  2. Nuestro reto es: Evangelizar educando y enseñar educando. Es la manera concepcionista de integrar “piedad y letras”, “virtud y ciencia”, para realizar el proyecto de M. Carmen Sallés  formar, armónica y simultáneamente, la cabeza y el corazón, la inteligencia y la voluntad.
  3. El Proyecto educativo-pastoral Concepcionista está concebido teniendo como centro a la persona. No “las personas” sino de una en una, con su singularidad irrepetible, colaborando con el proyecto que Dios tiene sobra cada persona. Busca el crecimiento individualizado, no individualista.
  4. Educar hoy implica preparar para afrontar la fragmentación de la sociedad, de la familia, de la cultura. Implica educar la inteligencia, capacitando en lo humano a cada persona que se nos confía para un desarrollo armónico y progresivo en el conocimiento, y educar la voluntad capacitando para la recta utilización de los recursos que la ciencia pone en sus manos.
  5. El Proyecto Educativo Concepcionista se inspira en la contemplación de la Mujer más completa, madura y audaz que ha conocido la historia. Una Mujer que siendo plenamente fiel a Dios, supo ser plenamente fiel al hombre: María Inmaculada; la Mujer libre que no encontró trabas en su corazón para asumir su responsabilidad, la Maestra que enseñó a Dios a ser hombre, y acompañó a los discípulos en su búsqueda de Dios, es nuestro Foco iluminador del carisma, espiritualidad y misión concepcionista.
  6. Nuestro Proyecto Educativo-pastoral necesita de una Comunidad Educativa, integrada por unos valores compartidos, discernidos en común, creciendo como grupo en cada uno de sus miembros, capaces de afrontar situaciones conflictivas y de buscar conjuntamente la solución en diálogo, hasta donde sea posible.
  7. Comunidad Educativa abierta al cambio, capaz de evolucionar y de buscar caminos que van madurando a la persona y al grupo. Comunidad que mira también hacia dentro, para que ningún miembro quede fuera de un proceso en el que todos tienen algo que aportar. 
  8. Comunidad Educativa Concepcionista Misionera, que no absolutiza más valores que el Valor Absoluto de Dios, y a la vez puede presentarse ante la sociedad con  unidad de criterios y de acción, alcanzada desde la coherencia, que es fruto del discernimiento.
  9. Difícil y apasionante tarea, que exige una actitud de búsqueda constante. Encontrar “nuevas maneras” para acercarnos, en cada momento histórico, a los niños y jóvenes que la Providencia nos confía, y que son siempre nuevos, siempre diferentes, porque la historia no es estática, sino dinámica.
  10. Nuestro sistema educativo es Preventivo. ¿De qué y cómo preservaremos hoy? ¿A qué y cómo nos anticiparemos?


 SIGNIFICADO DEL ANAGRAMA AM
 
(Reflexión ante la entrega del anagrama mariano AM a los alumnos cuando salen del Colegio)
 
Aunque lo llamamos ordinariamente ESCUDO de la Familia concepcionista, en realidad es el Anagrama que forma parte del mismo.

Así como el ESCUDO OFICIAL propiamente dicho, no fue diseñado por M. Carmen Sallés -aunque parece que las ideas provenían de ella-, sí está claro que desde los comienzos fue ella la que quiso llevar y llevó el Anagrama AM, bien visible en el pecho, según se ve en las fotografías que de ella tenemos, como signo de identidad concepcionista.

El Anagrama AM ha permanecido a lo largo del tiempo como señal identificativa de Familia concepcionista. Todos tenemos experiencia de esto: el que, en no pocas ocasiones, nos hemos reconocido no sólo en casa, sino sobre todo en la calle, o en cualquier lugar donde está una religiosa concepcionista, un alumno, ex alumno, etc. nos hemos encontrado. Por el AM nos reconocemos los que formamos esta familia. Es como nuestra “marca” de casa.

Es el signo del carisma mariano, que nos identifica, pues son las iniciales del AVE MARÍA, el saludo del ángel a María en Nazaret.

Ahondando en lo que puede significar un escudo, y hablando en términos generales, recojo varias acepciones. De ellas elijo tres:
 
1   Arma de defensa formada por una plancha de metal, madera u otro material,…
2   Insignia de una entidad o corporación.
3   Persona o cosa que sirve de resguardo
De estas tres acepciones podemos extraer alguna lección:
  1. Arma de defensa:
Con frecuencia aparece el Señor como el Escudo defensor: “Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.” (Salmo 18)

Y junto a Dios está siempre María. ¿Quién es Ella sino nuestra mejor defensa en la lucha de la vida, que con frecuencia se nos presenta como un combate?

Recordemos un texto de Apocalipsis 12,1, donde se presenta la batalla entre el bien y el mal y “apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna[1] debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”[2].

En la Tradición también se ha interpretado esta figura de la Mujer como la de María, la Madre de Jesús, la vencedora del mal, presentada ya así en Génesis 3, 15: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Así, la Virgen María, la Inmaculada, la Siempre Virgen, la Llena de Gracia y la asunta en cuerpo y alma al Cielo, es también la Co-redentora junto con Jesucristo, ya que "Satanás y su descendencia estarán enemistados con la Mujer (María) y su descendencia (Jesucristo)".[3]

En este sentido podemos decir que María es nuestra defensora, nuestro Escudo protector y así la llevamos y no pocas veces nos agarramos a Ella como lo hacemos al Anagrama AM.

Podemos preguntarnos: María nos defiende ¿de qué?

Todos hemos experimentado sin duda a María, la Virgen, como nuestra mejor fortaleza a lo largo del camino de la vida. A Ella acudimos en la lucha contra los males que aparecen cuando menos lo pensamos… A Ella la invocamos con el nombre de Auxiliadora Protectora, Abogada,…y así lo hacía con frecuencia M.  Carmen: la nombraba y sentía como la Protectora, Intercesora, Patrona, Titular, y la Fundadora de la Congregación.
 
Queridos alumnos: Si vais a emprender un nuevo camino al salir del colegio concepcionista, no olvidéis que lleváis la mejor defensa en María, significado en este Anagrama que se os entrega. Seguro que Ella os ayudará a ser “buenos cristianos”. Deseamos que Ella sea para vosotros/as refugio en la lucha, vuestra protectora y vuestra fortaleza cuando os toque ser testigos de nuestra fe en Cristo y defensa de los valores humano-cristianos que en el Colegio habéis aprendido.

Y no olvidéis que estar cerca de María es estar cerca de Jesús en la cruz. Ella os mantendrá firmes en la lucha de la vida: es vuestro escudo protector.

Recíbela dentro en tu casa, como lo recibes ahora en tu pecho, igual que hizo Juan el Apóstol  en el Calvario, y acógela, como quien ampara al mismo Cristo.
2   Insignia de una entidad o corporación.
El Anagrama mariano es nuestra insignia. Llevarlo es llevar el sello de familia, es decir que “he sido educado/a en un Casa de María Inmaculada”, que pertenezco a esta familia y eso me llena de santo orgullo.   (Analiza los sentimientos cuando sales de aquí).

M. Carmen nos quería dignas hijas de tal Madre, nos puso siempre bajo su escudo protector, bajo su bandera –decía ella- y bajo su manto. Llevar la insignia por fuera está indicando que estamos sellados con el sello de la Inmaculada, es decir que su imagen se ha ido formando en mi corazón y por donde vaya nunca “desmienta que he sido educado en su casa”.
 
 3. Persona o cosa que sirve de resguardo
Es la tercera acepción. Ya no sólo llevas a María contigo y la sientes como tu protectora, tu Madre, tu escudo,… sino que esto se ha identificado contigo y ahora estás llamado/a a serlo para las personas con las que te encuentres a lo largo del camino de la vida. Ser defensor sobre todo de  los débiles, los pobres, los más necesitados.
             No lo olvides: ahora también estás llamado/a ser tú ahora ese escudo defensor.

(Al recibir el escudo: N…. Que tu vida no desmienta que has sido educado/a en una Casa de María Inmaculada. Parafraseando el Ave María quiero ahora rezar contigo y para ti el
 


AVE MARÍA DE DESPEDIDA

DIOS TE SALVE MARÍA
Es el primer saludo que sale de nuestro corazón y de nuestros labios.
Lo hemos repetido cientos, miles de veces en esta Casa. Nos lo enseñaron nuestros padres, y nuestros maestros al llegar al Colegio.
En este día de despedida te volvemos a saludar: DIOS TE SALVE, MARÍA
 
LLENA ERES DE GRACIA
La Gracia es la Belleza de Dios, es el baño de Dios a sus hijos; a Ti te llenó y también a mí; también hemos ido descubriendo a lo largo de estos meses y años lo que es el amor de Dios.

EL SEÑOR ESTA CONTIGO
Él siempre fue tu compañero inseparable. Y Tú no le dejaste nunca. Yo no puedo decir lo mismo de mí... pero sé que El no me dejará, porque su amor es fiel y no me abandonará.
 
BENDITA ENTRE LAS MUJERES:
Ser bendita es ser bendecida con toda clase de gracias y por eso eres feliz.
Yo a veces experimento la bendición de Dios y otras no, pero sé que El me ha bendecido y ¡Mucho!, dándome una familia donde me enseñaron a ama